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domingo, 3 de noviembre de 2013

Te Odio Dr. Perro

¿Cómo puedo decir algo más que el mismo título?

Te odio Dr. Perro.

Llegaste justo a tiempo para acabar con lo que quedó; llegaste y te tomaste la última cerveza, te fumaste el último cigarro; ya no hay más daño que me puedas hacer, ¿o sí?. ¡Claro!, puedes dejar abierto el refri para que los lacteos se vayan a la chingada o ¿por qué no mejor me rompes una ventana para ver como cae? o mejor aun, rómpeme cada vertebra de mi cuello, digo, aún queda un poco de mí para que te lleves.

Sé que tu intención no es hacerme esto, pero veo como lo disfrutas, te ries mientras me despierto asustado, te encanta cuando me quedo encerrado en la regadera inmóvil, esperando a que me rinda.

¡Por que yo te ví!, sí, ahi estabas, te vi a la orilla, sonriendo mientras perdía el control y los faros volaban. Pude haber muerto yo, pudo haber sido aquel taxista o un camión lleno de infelices rumbo a Torreón; eso te hubiera encantado. No fuiste el culpable, lo sé, pero te encanta que suceda todo esto, por que me lo dices, me lo susurras.

"Sé que no estas muerto"- me dijiste aquella vez, y por eso es que te diviertes tanto conmigo; por que no muero, ambos sabemos que no lo voy a hacer, soy tu juguete favorito y lo mejor de todo es que no soy desechable. Aquí estoy, sin poder huir, estás aqui conmigo, viendo cómo escribo cuánto te odio, y aquí estás tú, gritándome al oido sin que yo diga ni una sola palabra, callado, vivo.

A tí y a mí nos encanta el caos, de eso estamos seguros, ¿pero hay acaso alguna forma de pelear aquí? no me escuchas, no puedes, aunque prefiero que no lo hagas, así podré volverme loco yo solito, hasta que ya no puedas hacerme nada.

 Eres un sueño que no viviste, hablas de cosas que jamás te pasaron y sin embargo duelen; eres la canción que Elvis no quiso cantar, eres el sonido falsamente atrapado en una cinta magnética, nadie estaba esperando por tí por que ya hubo muchos como tú y tu voz atrapada me arde en el cerebro, pero lo peor de todo es que no quiero sacarla, me gusta como me desgarra, quiero estar sufriendo con tus palabras, me gusta sentirte rascando la carne viva cuando me platicas de aquella vez que todo andaba bien, de cuando me dejabas ser; por que no sé que quieres de mí, solo no se te ocurra morir.


Gracias.

miércoles, 15 de agosto de 2012

El Cuarto


Pocos conocieron mi viejo departamento, si es que le podía llamar como tal. Vivía sobre un depósito atendido por el Morro/Flaco, un hombre bastante centrado en lo que hacía y que nunca se verá de más de 24, vecino del Tino, el Avantasia y unos franceses borrachos en la casa de enfrente.

Era la primera vez que intentaba vivir solo y principalmente fue debido a que mis padres trabajaban en San Nicolás, no tenia carro y después del huracán Alex llegar en camión a San Pedro tomaba cerca de 3 horas.
Entonces ahí estaba, un cuarto grande con una cama destruida en una esquina, un refri pequeño en la otra, una estufa de 4 quemadores y un comedor familiar; el cuarto tenía bastante sentido si veías el peinador con espejo y una cajonera con un feo adorno floral de primera comunión.

El baño estaba afuera pero compartía pared con el cuarto y el boiler tenía maña; no fue difícil acostumbrarse, no era la primera vez que cocinaba y vivir en el camino a la escuela me hizo caminar más de lo que acostumbraba y convivir con más foráneos. Era como un club ya que nadie creía que eras de Monterrey y rentabas un cuarto en Monterrey, pero no fui el único.

Lo curioso empezó casi un mes después. Al llegar después de mi última clase, generalmente después de las 9 de la noche si el vecino no se ponía a cantar sus baladas de heavy metal el silencio en el cuarto solo se cortaba por el abanico, el hervor del arroz y el termostato del refri; cómo odié ese termostato, podía estar dormido a las me despertaba con un estruendo que bien podía tratarse de una magnum siendo disparada por 2 Clint Eastwoods al mismo tiempo y luego podías oír al compresor trabajando.

La ventana no podía abrirse por que el ingenio de la rentera le dijo que instalar aire acondicionado en la única ventana de un cuarto con una estufa y un refrigerador mejoraría todo nuestro concepto acerca de microviviendas; Así que todas las noches solo podía apelar al abanico y que el refri no se pasara de grosero.
Pero aún así había algo raro en el cuarto, más que las cucharas oxidadas era el espacio que ocupaba el silencio. Lo había combatido diciendo mis pensamientos en voz alta como en algunas caricaturas, o bien, también encendía la tele y no había más remedio que buscar algún noticiero en el que hablaran de los problemas de la gente del DF para crear ese sonido blanco que nos llena de paz. Un jueves apagué la tele cuando salí a bañarme, lo divertido fue regresar al cuarto y ver que la tele estaba prendida; curioso, he tenido la misma tele en la casa de mis papás por 25 años y esas cosas pasan, nada del otro mundo, apágala y sigue con tu vida.

Era normal de cada noche apagar el único foco del cuarto y acostarme en la cama, antes de dormir siempre veía al techo hasta que mis ojos se acostumbraban y podía ver en la oscuridad, pero siempre veía, si podría llamarse así, el espectro del foco después de estar prendido por horas y como aun podías ver algo de incandescencia en la oscuridad; luego el disparo, el sonido del compresor del refri y luego notabas que ya no podías ver nada cerca del foco.¿El foco se enfrió tan rápido? ¿Estaba dormido? y de la nada se escuchó un cajón, no abriéndose pero identifiqué su sonido metálico; lo peor que me imaginé ese momento eran ratas jugando con las cucharas para poder robar de mi consomé.

Un cuarto frio, amplio, solo, en el cual recordabas siempre algo curioso. Estaba hasta cierto punto orgulloso de él, no le puse nombre pero me habría gustado llamarlo algo como Rolando Mota, Elvis Turi o Alfonso; pero decidió que sería bueno jugar conmigo.

Después en una noche de Miércoles el refri empezó la función; el disparo sonó iniciando así las festividades, miré el foco y no pude distinguir si seguía caliente pero en eso alguien movió la puerta, ¿quién podría buscarte en la madrugada? Dormía pegado a la ventana y tenía unas cortinas algo claras y como era un segundo piso a unos metros de una luz mercurial pude ver una silueta por la ventana, una persona no muy alta estaba tratando de abrir la puerta de forja y hacía bastante ruido.

-Que pedo, estoy dormido.- Obviamente no lo estaba, de hecho esta oración es imposible pero qué más se te ocurre gritar cuando recién despiertas y tus ojos todavía no pueden definir bien formas y colores. El forcejeo seguía y este imbécil no hablaba.- ¿Quién es?- En eso la silueta se detuvo, pude distinguir como giró su cabeza hacia la ventana y luego siguió forzando la puerta con más fuerza. En este momento estaba más que nervioso y confundido, no tenía a la mano ningún reloj y de nada servía hablar por teléfono para despertar a alguien, esto era de aquí y ahora.

-¿Qué chingados quieres? ¡Déjame en paz!- La puerta no parecía que fuera a detenerlo por mucho tiempo entonces traté de hacer algo, cualquier cosa. Sobre la mesa, un cuchillo grande, el que usas para cocinar, piensa, piensa, no puedo, toma el cuchillo, “clack”, el seguro cede, en silencio, corre a la puerta, ¡ahora! la cabeza está adentro, solo tienes una oportunidad, no sueltes el cuchillo, el brazo vuela empuñando el cuchillo, abre los ojos, oscuridad, nada más.

El compresor no hacía ruido, no había nadie en la ventana, el cuchillo seguía en la mesa y el corazón estaba acelerado, lo mejor era volver a dormir.

Esa semana, quizás 2 días después sonó el disparo de nuevo y recibo una llamada, era César y en ese momento se encontraba en Lerdo.

–Oye ¿Cómo estás? Pues te hablaba para ver que pedo, con lo que pasó en tu casa.
-¿Mi casa? Pero qué pasó que yo no sé.
-Sí, que mataron a un vato.- En ese momento trate de recordar, no había visto ni oído nada de tal magnitud aquí cerca.
-No, aquí no han matado a nadie, no que yo sepa.
-No, en tu casa casa, la de Cumbres, que mataron a un wey ahí enfrente.- No tenía idea de lo que hablaba, le dije que me dejara marcarle a mi mamá.

-¿Bueno?
-Sí, mamá. Oye ¿Qué mataron a alguien ahí por la casa?
-Ah sí, así justo en la esquina, enfrente de la tienda como que lo iban persiguiendo en un carro y ahí quedó, de hecho como que se cayó en el claxon y pues se quedó sonando hasta que llegaron los forenses; pero no te preocupes, todos estamos bien.
-Ah, está bien. Nomás hablaba para corroborar, adiós.-Esto era en 2010 y pues como en muchas áreas de la ciudad esto todavía no era tan común.

Me había acostumbrado al cuarto; era como un ente que si empanizaba milanesas se ponía contento y si me distraía con mi tarea o alguien se enojaba despertándome todas las noches con el termostato, alguna vez recuerdo que mientras hacía tarea o comía de espaldas a la tele ésta se apagaba; claro, me había pasado que la apagaba y por alguna razón se prende de nuevo unos 2 segundos después, teles viejas, pero ¿apagarse después de prenderla unos 15 minutos atrás? Así era como sabía que el cuarto quería hablar conmigo; ya sea que limpiara los trastos, lo barriera o recogiera la grasa de la estufa; era una relación basada en respeto y favores, si lo trapeaba con cloro y aceite de pino el termostato no sonaba por las noches y a veces dejaba correr aire por la puerta trasera sin hacerla vibrar, si limpiaba la cocina la tele no se apagaba, o se prendía, dejándome hacer mis tareas y a la mañana siguiente el cuarto se sentía fresco y las plantas del pasillo de enfrente se llenaban de vida, podía notarlo quizás porque solo las regué una vez en casi 6 meses y parecían no necesitarlo. A veces era celoso ya que alguna vez que César me llamó después de los exámenes finales, eran casi las 10 de la mañana y me acababa de despertar; le dije que no había problema, que podía venir al cuarto, me esperara a que me bañara y luego compraríamos algo de cerveza.

Llegó y le abrí la puerta, casi siempre dejaba abierta la puerta en las mañanas para que corriera el aire y le dije a Cesar que esperara mientras me bañaba en el cuarto de atrás. Cuando salí encontré a César sentado en la cama con la puerta cerrada.

-¿Por qué cerraste la puerta? ¿Te dio frio?
-No, es que no sé, me sentía como… vulnerable.-En ese momento noté que el compresor había empezado a trabajar, ¿habrá ocultado el disparo?
-Aguanta, me voy a lavar los dientes.

Salí al baño y quizás ya estaba acostumbrado o quizás había visto muchas películas pero valía la pena intentarlo.

-Oye, no hay pedo, él no es malo. No va a pasar nada.- Claro que después me di cuenta que le estaba hablando al espejo del baño; pero cuando regresé al cuarto noté que una suave brisa comenzó a correr y esto después de bañarte es de lo más agradable.

En ese momento me gustó pensar que ahora el cuarto ya podría hacer más cosas por mí. Pasaron los meses y vivir solo te puede crear vicios y desaparecer costumbres, supuse que sería tiempo de cambiar a algo no tan aislado, y Emilio había perdido su rumi y me ofreció mudarme con él, sería el mismo precio, una casa de 2 pisos y cuando menos no tener que pasar más de 14 horas sin hablar sonaba bastante atractivo. Cerré contrato y empecé a mudar las cosas, 3 viajes en el Malibú gris y terminamos; la rentera me comentó que el Morro/Flaco le quería comprar cuartos para expandir el depósito y los otros cuartos se desperdiciarían en la papelería no rentable de su hija.

Acababa de sacar la última caja del cuarto y ya sentía nostalgia, era la primera vez que vivía solo y pensé que lo había hecho bien; sentí que el cuarto y yo nos habíamos llevado bien, así que cuando iba a cerrar la puerta por última vez dije en voz alta –Adiós cuarto.- Y un susurro me respondió.

 –Adiós.

domingo, 2 de octubre de 2011

No hemos tenido suficiente.



La semana pasada solo habría pensado en si llovía o no, o si el café estaba demasiado quemado como para darle una segunda oportunidad cuando se oyó un gran estruendo y que para mi sorpresa entraba por la ventana un pequeño piano que a medida que avanzaba hacia mi rostro no distinguía si se iba convirtiendo en un trío de marimba, tarola y clarinete o bien, un combo tropical; al final se acomodó en mi regazo y me dijo –“hay mucho por lo que la gente que no tiene nada que decir escribe mucho, ¿dónde has quedado tú?”. No supe si fue un reto o los desvelos estaban cobrando su cuota y pensé en un principio que debía ignorarlo y así, todo lo que conlleva.
A la mañana siguiente me encontraba a la deriva de la lucha entre el quedarme sentado o quedarme acostado cuando me di cuenta que en realidad no había escrito ningún libro. Entonces arranqué en una racha de furia literaria y antes de darme cuenta llevaba los capítulos I, IV, VII y XII del que sería el libro fenómeno del año.
De la nada me llegaban mails de Vasconcelos exigiéndome la exclusiva de mi obra, aunque no estaba seguro de querer publicar con una editorial federal en la que me tardaría mucho en crecer aunque significara apadrinamiento y ventas seguras por parte de primarias y para algunos mítines. De todas formas negué su oferta porque querían que publicara a nombre del gobierno federal en lugar del mío, aparte de que según la Wikipedia Vasconcelos en ese entonces llevaba varios años muerto.
Así que mejor decidí llevarlo de la forma que nos enseña la secundaria, el orgulloso self-release via electrónica y mal impresa detrás de panfletos comunistas para distribuirlo a quienes merezcan leerlo.
Pero la historia se torna curiosa al empezar a llegar las respuestas del público, sobre todo de cierto público ya que empezaron a llegar felicitaciones y peticiones de algunos individuos del medio.
Sony BMG me escribía rogándome permitiera el lanzamiento de mi libro  en audio leído por Morgan Freeman, quien dijo estar dispuesto a dejar de narrar Through the Wormhole para dedicarse de lleno al proyecto; pero ha quedado en negociaciones ya que las calcomanías que acompañarían el boxset no han sido de mi agrado. También otras revistas como La Atalaya, Proceso, Letras libres y Verbum han solicitado les deje publicar pequeños párrafos de mi obra, o bien que me una a su equipo redactor para rediseñar sus tablas de contenido y sus portadas, pero decidí empezar con cosas más pequeñas y me uní al equipo de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea como chofer redactor y miembro de la Alta Cámara Secreta de Los Cuentos Secretos.
 Todo ocurrió muy rápido y no he podido comer ni dormir por lo que he desatado en el mundo de las letras; algunos grupos religiosos me persiguen porque dicen que he vaciado sus templos, diputados quieren hacer campañas con mi casa, pero cerré las cortinas y no pueden encontrarme, también me ha llegado la frustración de todo aquél al que parece ha llegado a la cúspide de lo que puede hacer y no hay ni una pequeña idea de cómo seguir subiendo.
No tenía nada que me calmara y en un desato de locura he roto la mayoría de mis posesiones violentamente y luego las regalé a los pobres, claro, rotas; y paso la mayoría de los días sentado en el rincón de mi cuarto vacio, sucio y sin hacer ningún ruido en la oscuridad, con nada más que esas trusas blancas propias de un loco.
A veces me aventuro a salir a la cuadra en busca de comida, un refresco o alguien con quien hablar, pocos me conocen por cómo me veo o por mi voz pero cuando los veo leyendo mi panfleto prefiero alejarme, para no encontrarme con mi obra, la que me ha hecho esto.
La fanta naranja es un instante de alivio y sentarse en una banqueta a oler el picadillo y el arroz que prepara una madre es la forma en que me acuerdo que no debería estar en trusa de loco en la calle. No puedo destruir lo que he hecho y muy probablemente todos estarán esperando mi siguiente movimiento, pero qué puedo decirles, no necesito escribir nada más, solo a alguien que pueda escuchar mi basura y tirarme otra de vuelta.

Reseñas:
-★★★★★-
“Nunca había leído tal cosa desde La República de Platón, Toño nos ha transportado a un mundo en el que todo lo importante se encuentra ausente por que la prescindibilidad del ser se ha perdido para siempre y la proposición de un nuevo estado habitacional nos conmueve hasta la última página. Por cierto, la bandera de mi país ya no es roja con amarillo, digo, para que sepan.”
-Vladimir Putin
Presidente de la Federación de Rusia

“Sin duda todo mi andar en el camino de las letras ha sido un desperdicio de tiempo. Ahora en retrospectiva veo la ridiculez de mi obra que no es el libro de toño, cada mañana me levanto y me golpeo el rostro mientras lloro en la regadera porque me han dado tantos premios y la gente me quiere mucho por mis errores”
-Don Gabriel García Márquez
Premio Nobel de Literatura 1982

(12/10)
“Desde que vi a mi asistente llorando en la tumba de su padre en mi Chevrolet Camaro Super Sport, con un libro en la mano se lo arrebaté y me fascinó desde el momento que lo tuve frente a mis ojos digo, está impreso en volantes y puedes ver propaganda original del PMS de aquél México de mis recuerdos.
No digo que éste sea el acontecimiento más grande pero sin duda es el acontecimiento más grande.
Quiero que toño me firme mi cachucha de ET.”
-Steven, S.
Director y productor de cine.
“Todos recordamos aquellos tiempos en que soñábamos con cambiar el mundo por nuestros propios medios, Praga lo demostró y el libro de toño sin duda fue el fundamento sobre el cual se ha llevado a cabo cada lucha que defiende a los débiles y sueña con un mejor mañana. De ahora en adelante lo llevaré siempre en mi corazón y hay de aquél que no lo escuche.”
-José Emilio Pacheco
Escritor y miembro honorario del a Academia Mexicana de la Lengua.

“No sabemos de dónde ha venido pero estamos muy contentos de tenerlo aquí, siempre llega a tiempo y tratamos de ayudarlo ahora en este su lanzamiento. Cada vez que leo de nuevo el libro me dan ganas de reconciliarme con mi padre y velar por mis deseos más oscuros, simplemente el manejo extratemporal del tiempo siempre me deja boquiabierto y con un pequeño sonido que no puedo evitar que salga de mi garganta. Algún día todos aprenderemos algo de esto”
-William James Murray
Presidente de la Alta Cámara Secreta de Los Cuentos Secretos.